COORDINADO POR TINO PERTIERRA
• Especial Verano 2007
De excursión

César Fernández

Muerto el perro

Emilio Fernández García

Vacaciones en La Puna

Roxana Herrero

Verano

Matilde Suárez

Verano

Ana Pérez

Detalles sin importancia

María Antonia Goás

La vida comienza aquí

Yasmina Suárez González

DE EXCURSION

Los pulmones notaron antes que el resto del cuerpo la llegada al  pueblo de montaña donde dejó el autocar a Francisco y Cova. Mientras esperaban que el conductor abriese el maletero para sacar las mochilas el aire comenzó su labor extraña.
-¡Por fin respiro!- exclamó Francisco.
-¿Ya conseguiste olvidar al capullo de tu jefe?- preguntó su compañera, sonriente -¡Qué rápido! ¡Si es el primer día de vacaciones!
-Ni me acordaba de él. Nada más sentarme en el bus desapareció de mi cabeza cualquier cuestión del trabajo. Ya ves, sin embargo es ahora cuando tengo la impresión de que los pulmones se ensanchan. Será el aire sin contaminar.
-Otras veces dijiste lo contrario, a mayor altura menos cantidad de oxígeno y enseguida te entraba la “pájara”- replicó Cova.
-Si, cuando caminábamos, por el esfuerzo- Francis bruscamente cambió el tono reflexivo por otro irritado- ¡Y no empieces a llevarme la contraria tan pronto! ¡Andando, que nos quedan dos horas de cuesta!
Cova quedó sorprendida por la reacción, inusual en Francisco. Se puso delante de él interrumpiendo el inicio del estrecho camino y le miró la piel de la cara buscando palidez o algunas gotas de sudor que indicasen mareo. Por el contrario, su tez parecía más sonrosada que de costumbre, incluso las incipientes arrugas cincuentonas alrededor de los ojos, de las que se sentía orgulloso, se habían atenuado.
-Perdona Cova, debe ser el cansancio de estas semanas- Fran cogió su mano y la besó entre los dedos- ¡Hala, vamos! Aquí no podemos subir haciendo el tonto, no cogemos, así que tendrás que soportar mi distancia de cuatro pasos por delante. Defendiéndote de los peligros.
El buen humor parecía haber retornado. Cova se dejó adelantar y observó la incipiente calva de su marido en la coronilla. ¿Era más pequeña o lo estaba imaginando? ¡Bah, el pelo recién cortado rejuvenece!- pensó Cova.

Subieron seis kilómetros empinados, casi 800 metros de desnivel, hasta llegar a la cabaña, comprada hace años a unos amigos que necesitaban dinero para habilitar la casa del pueblo como hotel rural. Apartada en una majada, antigua cuadra y refugio de pastores durante el verano, su acceso es imposible a los vehículos todoterreno y demasiado jadeante para el urbanita medio. La pequeña hondonada está cubierta de hierbas cortas y blandos musgos, rodeada muy de cerca y al norte por firmes calizas mientras que el resto se levantan a unos cientos de metros y menos altaneras, permitiendo disfrutar de una amplia visión de los roquedos, cumbres y algún valle de la cordillera. El aire prosiguió su tarea insólita.
Nada más posar las mochilas en el suelo de la estancia Fran cogió presuroso la cintura a Cova y la llevó al jergón.
-¡Quítate la ropa, que tengo ganas!
-¡Anda! ¿A qué vienen estas prisas?- contestó de nuevo Cova, asombrada- ¡Déjame primero ir al baño!
-¡Pues aprisa, aprisa!
Cova entró en la único espacio independiente de la cabaña, se desnudó con rapidez y al salir ya encontró a Fran en cueros encima de la cama. ¿Con menos pelos en el pecho y en las piernas o eran figuraciones suyas? La piel, desde luego, más tersa y el tórax excesivamente hinchado, como si contuviese la respiración aguantando lo más posible en máxima inspiración. Parpadeó. Será la escasa luz –pensó- que le quita años.
Ni galanteos, ni suavidad, ni caricias prolongadas. Urgencia excesiva y eyaculación nada más entrar.
-¡¿Fran?! ¿Qué te ocurre?
Fran, estupefacto, se miró el miembro sin reconocerlo.
-No sé, me pasó de adolescente alguna vez, cuando estaba muy nervioso.
-Bueno, descansa y mañana lo hacemos como siempre, a ver si piensas que voy a quedar así- concilió Cova.
Fran se tapó y quedo dormido en un minuto. Inaudito en un insomne crónico. Cova se levantó, vació las mochilas y calentó leche en un pequeño hornillo de gas, preocupada por las  reacciones de su marido durante la jornada. ¿Le habrá sentado algo mal? ¿Qué comimos estos días? ¿Trabajó demasiado? Recordó que este año se mostró reticente a pasar las vacaciones como siempre en el refugio. Se le metió en la cabeza que con la disminución de la capa de ozono, en las altas montañas además de que el sol quema más la calva, el aire adquiere propiedades inusuales.
-No afecta a todo el mundo por igual
-¿De dónde has sacado esa majadería?
-No importa, no lo vas a creer.
Y no hablaron más del tema, ni explicó en qué consistían tales peculiaridades etéreas.
Terminó de cenar y se echó en la cama. Al cerrar los ojos percibió la propia respiración  reposada y profunda. Apoyó la mano en el pecho y antes de caer rendida creyó percibir un menor volumen de sus senos.

-Jaime, desde el helicóptero de salvamento a central, ¿me oís bien?
-Si, ¿cómo se encuentra la niña?
-El aspecto físico es bueno aunque no para de llorar. Dice que no ha comido en dos días y no se qué de un globo.
-¿Y los excursionistas la encontraron sola, sin ningún adulto?
-Así es, en la cabaña se hallaron dos mochilas y ropa de una pareja. La niña va vestida con una camisa y pantalones demasiado grandes para ella, suponemos que de su madre.
-Bien, buscaremos por los alrededores, en el pueblo cercano nos confirmaron la llegada hace tres días de los propietarios de la cabaña, pero no venían con ninguna niña, o por lo menos no la vieron. En otras ocasiones sí que traen algunos sobrinos. ¿Pregunta la criatura por sus padres, o tíos, o lo que sean?
-Responde que han muerto hace varios años. Debe estar bajo los efectos de una crisis nerviosa. Sólo habla de su globo, al que llama Fran. Al parecer se le escapó con el viento.
-¡Pobre, tan pequeña! ¿Cómo se llama?
-Cova, eso creo entender. Atiende, salimos disparados y aterrizaremos en el helipuerto del hospital, serán figuraciones mías, pero me da la impresión de que adelgaza y encoge por momentos y su tórax se hincha demasiado. Tendrá que examinarla pronto un médico.


César Fernández © 2007
Links
Contacto
Webmaster
Hemeroteca