COORDINADO POR TINO PERTIERRA
• Especial Verano 2007
De excursión

César Fernández

Muerto el perro

Emilio Fernández García

Vacaciones en La Puna

Roxana Herrero

Verano

Matilde Suárez

Verano

Ana Pérez

Detalles sin importancia

María Antonia Goás

La vida comienza aquí

Yasmina Suárez González

VERANO

Había pasado mucho tiempo desde que no coincidíamos todos los hermanos juntos en una comida familiar y por tanto muy pocas fotos. Hace un mes fue tiempo para recuerdos. Todos juntos alrededor de nuestros padres que celebran sus bodas de oro y el 80 cumpleaños del cabeza de familia. En la sobremesa nos dedicamos a mirar el álbum familiar. La primera foto, en blanco y negro, la habíamos sacado muchos años antes para que formara parte del libro de familia; éramos familia numerosa. No aportaba muchos beneficios, pero era costumbre de la época. Se nos veía tan guapos, tan inocentes, tan felices; nuestras ropas eran raídas, seguramente heredadas de unos para otros en el mejor de los casos, porque parte de ella nos venía de una prima. Y eso, qué importaba.
Los mayores, Tino y Leonor, sonreían abiertamente con una pose chulesca de un par de aprendices de adolescentes. Se habían puesto sus mejores galas, peinado sus lacios flequillos y lucían su mejor sonrisa. A ambos lados de la cabeza de Leonor salían unas gruesas coletas que acababan atadas con un lazo del que no se sabe el color; sólo vemos que es gris, gris claro; posiblemente azul, porque aún sigue siendo su color preferido.
Rosa estaba sentada sobre las piernas de papá. Su chaqueta de punto apenas le llegaba a tapar sus bracitos regordetes; tenía mofletes, propios de una niña que está dejando de ser bebé. Miraba a la cámara con seriedad.
Pasaron muchos años, muchas fotos, muchos veranos. Y la primera foto en la que Rosa posa en una pandilla de aquel pueblo de la costa en el que veraneábamos. Se la veía feliz.
Desde entonces Lucas ya es habitual en todas las fotografías familiares.
-Ahora que mamá ya viene con el café, vamos a aprovechar para sacar de nuevo una foto como la primera del álbum, ¿qué os parece? – digo en tono jocoso.
-Si, nos pondremos tal como estábamos colocados entonces –apunta Leonor con una carcajada.
-Pobre papá, como va poder ahora con Rosa sobre sus piernas.
Rosa muestra su tímida sonrisa. Desde hace 15 años es la primera vez que está en el cumpleaños. Cada 15 de agosto había un porque de Lucas para no acudir a la cita. Y ella se mostró siempre sumisa. Aparentemente todo iba bien hasta hace 3 meses en que apareció en casa con lo puesto. Toda la familia la apoyamos; salimos de excursiones al campo, de fin de semana a la playa, de verbenas…todos unidos como en los viejos tiempos.
Con la nueva cámara digital ya vemos como quedó la foto; todos un poquito mayores, unos no han necesitado peinarse el flequillo porque ahora lucen una incipiente calva; y la otra luce un pelo corto y rubio ceniza, ese color que disimula las canas de muchas de las mujeres de su edad. La hace más joven, se siente joven; cuenta 55 primaveras.
Y Rosa sigue mirando a la cámara de frente. Todos estamos felices; ella lo intenta aparentar. Su mirada está un poco ausente. Cuando suena su móvil se levanta impulsivamente y la vemos salir rápido del grupo. La vemos gesticular con las manos como si su interlocutor la estuviera viendo. Sabemos que es él. La conversación dura algo más de 10 minutos y todos permanecemos a la expectativa de sus movimientos; queremos descifrar en ellos el silencio que nos impone con sus palabras. Vuelve al grupo; esperamos que nos diga algo; y al contrario de otras veces, se vuelve dicharachera, nos cuenta parte de su conversación.
-Rosa, ¿era Lucas, verdad? –le pregunta mi hermana.
-Si, era él; quería verme. Piensa que será igual que otras veces, que me convencerá cuando él quiera. Pero ahora lo tengo claro. Se acabaron los días de miedos, de culpas, de creerme todas sus historias por llegar tarde o no llegar. Ahora quiero ser feliz y que él lo sea. Quiero llevarme bien con él; quiero ayudarle a abandonar sus vicios y sus malas compañías, quiero…
-Rosa, -interrumpe mi hermano-, déjate de buscarle disculpas. Aprovecha este momento que tuviste de lucidez y vive la vida. Eres joven y sobre todo tienes derecho a ser libre y feliz. Y ahora vamos a dejar de dedicarle ni un minuto más a Lucas. Este verano es nuestro; son nuestras vacaciones y vamos a disfrutarlas y hacerles disfrutar a papá y mamá con nuestra compañía. Ahora, todos a la playa, ¿Qué os parece?
Las cálidas aguas mediterráneas invitan a sumergirnos como sirenas; jugamos con un balón, con las raquetas, nos salpicamos. Y entre baño y baño un helado, unos chistes, unas risas. Y Rosa está feliz, se la ve relajada.
Se que está pasando unos momentos difíciles, pero con nuestra ayuda, y quizás con su valentía, podamos conseguir que retome la vida de aquella dulce jovencita llena de ilusiones.
-Esta noche iremos a bailar, dice Leonor. Hay verbena en la plaza. Iremos como cuando éramos niños, todos con papá y mamá. Yo quiero que me compren alguna cosa como cuando éramos pequeños.
Fue un acierto programar estas vacaciones juntos. Mis padres se ven felices. Y Rosa, que es la que más nos preocupa, también se la ve feliz a su manera. Y sobre todo conseguimos sacarla de ese círculo de culpabilidad y perdonavidas; separarla de ese mundo que la mantuvo atada en silencio a su verdugo; le hemos la sonrisa, y conseguimos que salga en la foto con la cabeza erguida y mirando de frente, como cuando era una niña.
Ahora que se están acabando estos días de relax, nos hemos hecho el propósito de reunirnos a menudo a comer juntos. Podrá o no cumplirse, pero de momento hemos plantado la semilla de la ilusión.
Al despedirnos, los abrazos y los besos son compañeros de las lágrimas. Todos tomamos el tren que nos lleva a nuestro destino, excepto Rosa.
-Rosa, ¿tu no te subes al tren?
-Si, mañana trabajo. Pero Lucas viene a buscarme. Tenemos que hablar.
En silencio nos miramos. Nada ha terminado. Todo está a punto de volver a empezar.


Matilde Suárez © 2007
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