COORDINADO POR TINO PERTIERRA
• Especial Verano 2007
De excursión

César Fernández

Muerto el perro

Emilio Fernández García

Vacaciones en La Puna

Roxana Herrero

Verano

Matilde Suárez

Verano

Ana Pérez

Detalles sin importancia

María Antonia Goás

La vida comienza aquí

Yasmina Suárez González

LA VIDA COMIENZA AQUI

Desde donde yo me encontraba podía divisar todo y a todos.
¡Vaya! Pero si está Carolina. No pensé encontrarla aquí. Mira que es envidiosa, todo el tiempo recordándome que ella no llega a la treintena y yo estoy cerca de los cuarenta. Yo seré casi cuarentona pero tú pareces mi abuela bonita.
¡Hombre! Si también está Luis. ¡Cuánto tiempo! Tuvimos una aventura durante varios meses, que duró hasta que él decidió decirle a su ex-novia que regresara a casa, que la echaba de menos mientras me decía que estaba enamorado de mí. Cierto, yo estaba casada, pero en ningún momento le prometí nada.
Pero qué ven mis ojos, también han venido casi todos mis compañeros de trabajo, hasta los que no he visto en la vida.
Y Juana, también está Juana. ¡Cuánto tardaría en elegir modelo para venir! Es tan pija. Su cuando se casó su hermana no encontró un traje que le gustara y se lo hizo a la medida, no quiero ni imaginarme lo que tardaría en encontrar el modelito apropiado para estar hoy aquí. Si parece una famosa peinada de peluquería y con gafas de sol.
A ver si localizo a mi familia. Mi madre, mi padre, mis tíos, los primos más cercanos, que no tienen porqué ser los más próximos geográficamente hablando. A ver, a ver... uf, al resto de la gente no les conozco, quizás de vista pero no de haber tratado con ellos, o haber cruzado un hola o adiós.
Así de repente, no caigo en quién falta, ¡ah, sí! Natalia, pero dijo que se iba a Barcelona un mes, así que la ha pillado fuera. Ana y Marisa, pues mejor que no estén, hace más de 5 años que no sé nada de ellas y me parecería fatal que estuvieran aquí haciendo el paripé. ¡Qué falsedad!
Si os soy sincera, no creí que viniera tanta gente, tampoco creí que pudiera verlos, aunque tampoco creía que el idiota del taxista se ocuparía más de intentar que la radio de su coche funcionara, en vez de estar atento al camión que se nos echó encima.
Todo ocurrió tan rápido... Bueno, al menos disfrutamos del hotel, la playa, el buen tiempo. Porque nos costó un riñón. El hotel precioso, la comida genial, el tiempo fantástico, unas vacaciones redondas, sino hubiera sido porque de camino al aeropuerto nos estrellamos contra aquel camión. No fue culpa del conductor del camión, pobre hombre cómo lloraba. Supongo que se sentirá culpable durante un buen tiempo. Claro que los periódicos y telediarios tampoco ayudan le ayudarán mucho con esos titulares tan dramáticos que usan. El taxista tampoco ha salido muy bien parado que digamos, lo llevaron al hospital y está en coma, fui a verle y me miró, así que supongo que en poco tiempo, podré decirle: ¿Serás imbécil? ¿A quién se le ocurre ponerse a sintonizar la radio en plena autopista?
Bueno, ahora ya, no merece la pena discutir.
Por cierto eso del túnel, la luz blanca, el señor con túnica que te dice: Ven, ven.
¡Mentira!, Vamos que la palmas y ya está. Y lo de que tu vida pasa por delante de ti como si fuera una película, mentira, al menos yo no la he visto, aunque puede ser porque mi vida ha sido tan poco interesante que ni me he molestado en visionarla. Seguro que si la hubiera visto pasar, habría hasta anuncios. Me encantan los anuncios, a mi hijo también, ponerle a ver anuncios era la única manera de hacerle comer.
Siempre dije que si algún día me pasaba algo, quería que me ocurriera con mi hijo y mi marido. ¿Egoísmo? Puede, pero no podría pasarme el resto de la eternidad sin ellos. Porque sí, os aseguro que hay vida después de la muerte, en realidad lo que llamáis vida, no es más que una muerte que cuando se termina da comienzo a la verdadera vida.
Aquí no se está nada mal, no estás pendiente de horarios, ni vas corriendo a todos los sitios, sólo te dedicas a vivir.
Lo que menos me imaginaba es que aquella mañana cuando preparaba las maletas y repasaba la lista para comprobar que no me olvidaba de nada, sería la última vez que nos iríamos de vacaciones.
Recuerdo que repasé una y mil veces la lista:
· Pañales
· Leche
· Biberones
· Cremas
· Ropita del niño
Eso era lo más importante, lo del niño, lo nuestro era lo de menos.
-Nos vemos en una semana, mamá.
Eso fue lo último que le dije. Me hubiera gustado contarle más cosas, pero las prisas me lo impidieron.
-Cuida del niño, me dijo.
Me gustaría que supiera que estamos bien. Sé que no tardará mucho en reunirse con nosotros, no hace más que repetir que ya no tiene motivos para vivir.
-Al menos han muerto todos juntos.
Mi padre no se lo cree. No es muy expresivo pero sus ojos lo dicen todo. Hubo un tiempo en que yo era la niña de esos ojos que hoy miran al vacío.
Hay demasiada gente en la iglesia. Es la iglesia donde me casé. Muchas flores, mucho llanto.
Mira que siempre dije que no quería flores en mi entierro. Ni caso. Ramos, coronas... De los compañeros del trabajo, de mis amigos, de la familia. Qué gasto tan inútil. Espero que al menos respeten nuestra voluntad y nos incineren. No quiero que nadie tenga que verse obligado a ir al cementerio a quitar flores secas. Los cementerios quedan siempre lejos de la ciudad, el autobús no llega y mi madre no está para muchos trotes.
El cura está echando agua bendita sobre los ataúdes.
Ya salimos. Tres coches fúnebres, uno tras otro.
Si fuese una escena de una película sería el momento en el que el espectador lloraría a moco tendido.
Por lo que veo sí que nos incineran. AL menos la funeraria no se quedará con el dinero que llevamos pagando desde hace años. Con las cenizas que hagan lo que quieran, aunque imagino que las querrá mi madre. No sabe que dentro de una semana estará aquí con nosotros. Si pudiera decirle que no tenga miedo...
Bueno, esto se acaba. Voy a llamar a mi marido y a mi hijo que están jugando a traspasar las paredes.
-¿Nos vamos?
-Cuando quieras.


Yasmina Suárez © 2007
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